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LA FE DEL CENTURION Imprimir E-Mail
Escrito por Administrator   
sábado, 12 de enero de 2008
REFLEXION SEMANAL 

Querido amigo y amiga:
¿Qué piensas de los movimientos modernos de la sanación por la fe? Hay personas  que dicen haber recibido el así llamado "don de sanación", de forma que pueden imponer las manos y hacer que los enfermos curen. Muchos dicen haber presenciado milagros innegables. ¿Es la fe un elemento importante en la curación?
La Biblia responde un "Sí" categórico. Pero necesitamos comprender en qué consiste la fe, porque leemos en la Biblia
que "también los demonios creen, y tiemblan" (Santiago 2:19). El relato del centurión romano, en Lucas 7:2-10, puede ayudarnos a comprender eso mejor. Este oficial militar gentil creyó que Jesús podía decir solamente la palabra, y su siervo enfermo de muerte sanaría. Jesús "se maravilló de él, y vuelto, dijo a las gentes que le seguían: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe"...

Ahora, ¿cuál fue esa fe? ¿Solamente la creencia de que Jesús tenía el poder para sanar por su sola palabra? Si decimos que sí, se nos plantea un problema importante, ya que los diablos también creen que Jesús puede sanar por su sola palabra. Una confianza tal no alcanza a la plena definición de la fe, si los diablos la tienen también! Pero al leer la historia en su contexto, comenzamos a ver que la fe del soldado romano iba mucho más allá.

(1) Había comenzado a comprender su pecaminosidad a la luz de la justicia de Cristo, ya que dijo dos cosas: "no soy digno que entres debajo de mi tejado" y "ni aun me tuve por digno de venir a ti". Los diablos no tienen tales sentimientos de humildad ¿no te parece? La fe del centurión no fue un mero asentimiento mental, sino una apreciación de corazón.

(2) Un amor inusual impregnaba el corazón de aquel oficial, ya que estaba preocupado por su siervo (o esclavo), y no por sí mismo. La fe que tenía ya lo había transformado, y lo había librado de su egoísmo. Desde luego, tal no es la experiencia de los diablos.

Así, esa historia nos ayuda a comprender el ingrediente esencial de todo verdadero milagro sanador: la fe, como una apreciación de corazón del sacrificio de Cristo.

Y tan pronto como digo eso, me doy cuenta de cuán débil e inmadura es todavía mi fe, cuánto necesita crecer. ¿Y la tuya?
R.J.W.

 
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