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| JESUS EN TU HOGAR |
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| Escrito por Administrador | |
| sábado, 02 de febrero de 2008 | |
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REFLEXION SEMANAL
Querido amigo y amiga: Un matrimonio feliz y un hogar lleno de amor es algo que el Señor construye. Eso es lo que el texto dice. Dios quiere que gocemos de ese maravilloso don en la tierra, un hogar estable y feliz. Permitimos que Él lo “construya”. Su Espíritu Santo, día tras día, noche tras noche, va colocando aquí un ladrillo, allí una piedra, en aquel lugar una viga…, en esa “casa”, ya que Él está constantemente convenciéndonos de pecado, del pecado de ceder a ese egoísmo que se quiere interponer en el camino. Esa bendita restauración depende de que sea sometido el yo, de que el yo sea crucificado con Cristo. Si mostramos rigidez en nuestra vindicación del yo, si el yo es ese tipo de carne orgullosa que no puede ser tocada sin ofenderse y protestar, el Salvador, sencillamente, no puede edificar nuestra “casa”. Alguien dirá que le parece muy difícil hacer que el yo esté crucificado, sometido. Identifícate con Cristo en la cruz, y se vuelve fácil. Recientemente he conocido la historia de una familia enemistada por más de veinte años, que ha conocido el dulce sabor de la reconciliación que restaura. Alabado sea el Señor. Es un ejemplo de cómo construye nuestra “casa”. No nos interpongamos en su camino, no se lo impidamos. Permitamos que obre “el Dios que hace habitar en familia los solos” (Sal. 68:6). R.J.W. |
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