Lidiando con escándalos
Lee 1 Corintios 5:9-14
1 Corintios 5:9-13 “Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; 10 no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. 11 Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. 12 Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? 13 Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.
Pablo ahora instaba a los hermanos a no aceptar en su medio a quienes seguían estas doctrinas judaizantes y sectarias en las que los mandamientos de Dios eran sustituidos por las filosofías y tradiciones porque traían esta suerte de prácticas y que aprontando ser hermanos eran participantes de la mundanalidad pagana celebrando sus fiestas de orgias y borracheras y que no debían juntarse con ellos ni aun comer con ellos a la mesa porque incitaban a participar de las fiestas paganas y sus prácticas degradantes. A decir verdad toda la carta era para separar a los fieles de la adoración a los ídolos y mantener santa a la iglesia de esas prácticas corruptas. (1 Cor 10:1-17)
También Pablo les recuerda a los corintios que deben sacar al perverso incestuoso que defendía como nada malo participar de esas fiestas y pasando como cristiano piadoso. Obviamente esta disciplina era basada en las reglas de Jesucristo de Mateo 18 para que no se diga que Pablo decidió que hacer con él de forma unilateral y abusiva. No fue Pablo quien decidía, aunque él sabía que hacer ya en tal caso, sino que dijo humildemente:
1 Corintios 5:3-4 Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4 En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo 5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.”
de lo contario se hubiera visto injusticia.
¿Cómo enseñó Jesús la disciplina? Mt 18:15-17
“Si tu hermano pecare contra ti—declaró Cristo,—ve, y redargúyele entre ti y él solo.” Mateo 18:15. No habléis del mal a otro. Si este mal es contado a una persona, luego a otra, y aun a otra, el informe crece continuamente, y el daño aumenta hasta que toda la iglesia tiene que sufrir. Arréglese el asunto “entre ti y él solo.” Tal es el plan de Dios. “No salgas a pleito presto, no sea que no sepas qué hacer al fin, después que tu prójimo te haya dejado confuso. Trata tu causa con tu compañero y no descubras el secreto a otro.” Proverbios 25:8, 9. No toleréis el pecado en vuestro hermano; pero no lo expongáis ni aumentéis la dificultad haciendo que la reprensión parezca como una venganza. Corregidle de la manera esbozada en la Palabra de Dios.
No permitáis que el resentimiento madure en malicia. No dejéis que la herida se infecte y reviente en palabras envenenadas que manchen la mente de quienes las oigan. No permitáis que los pensamientos amargos continúen embargando vuestro ánimo y el suyo. Id a vuestro hermano, y con humildad y sinceridad habladle del asunto.
Cualquiera que sea el carácter de la ofensa, no cambia el plan que Dios trazó para el arreglo de las desinteligencias e injurias personales. El hablar a solas y con el espíritu de Cristo a aquel que faltó eliminará la consiguiente dificultad. Id a aquel que erró, con el corazón lleno del amor y la simpatía de Cristo, y tratad de arreglar el asunto. Razonad con él con calma y tranquilidad. No dejéis escapar de vuestros labios palabras airadas. Hablad de una manera que apele a su mejor criterio. Recordad las palabras: “Sepa que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino, salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados.” Santiago 5:20.
Llevad a vuestro hermano el remedio que curará la enfermedad del desafecto. Haced vuestra parte para ayudarle. Por amor a la paz y unidad de la iglesia, considerad este proceder tanto un privilegio como un deber. Si él os oye, le habréis ganado como amigo. 3 JT 200
La controversia terminó. La amistad y la confianza quedaron restauradas. El aceite del amor elimina la irritación causada por el mal. El Espíritu de Dios liga un corazón al otro; y hay en el cielo música por la unión realizada. “Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra”. Mateo 18:16. Tomad con vosotros personas de ánimo espiritual, y hablad de su mal al que erró. Tal vez ceda a las súplicas unidas de sus hermanos. Al ver cómo ellos están de acuerdo en el asunto, tal vez su mente quede iluminada.
Y, “si no los oyere a ellos”, ¿qué debe hacerse? ¿Tendrán que asumir algunas personas de la junta directiva la responsabilidad de despedir de la iglesia al que erró? “Y si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia”. Mateo 18:17. Tome la iglesia un acuerdo con respecto a sus miembros. Y “si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”. Mateo 18:17. Si él no quiere escuchar a la iglesia, si rechaza todos los esfuerzos hechos por salvarle, a la iglesia incumbe la responsabilidad de separarle de su comunión. Su nombre debe entonces borrarse de los libros.
Ningún dirigente de la iglesia debe aconsejar, ninguna junta directiva recomendar, ni ninguna iglesia votar que el nombre de una persona que obra mal sea excluido de los libros de la iglesia, hasta que se hayan seguido fielmente las instrucciones dadas por Cristo. Cuando estas instrucciones se hayan cumplido, la iglesia queda justificada delante de Dios. El mal debe, pues, presentarse tal cual es, y debe ser suprimido, a fin de que no se propague. La salud y la pureza de la iglesia deben ser preservadas, para que ella aparezca delante de Dios sin mancha, revestida del manto de la justicia de Cristo.
Si el que erró se arrepiente y se somete a la disciplina de Cristo, se le ha de dar otra oportunidad. Y aun cuando no se arrepienta, aun cuando quede fuera de la iglesia, los siervos de Dios tienen todavía una obra que hacer en su favor. Han de procurar fervientemente que se arrepienta. Y por graves que hayan sido sus ofensas, si él cede a las súplicas del Espíritu Santo y, confesando y abandonando su pecado, da indicios de arrepentimiento, se le debe perdonar y darle de nuevo la bienvenida al redil. Sus hermanos deben animarle en el buen camino, tratándole como quisieran ser tratados si estuviesen en su lugar, considerándose a sí mismos, no sea que ellos también sean tentados. 7TI 250
Entonces que significa “entréguenlo a Satanás”. No significa que el hombre sería asesinado, ni quemado, como en la inquisición hacían los satanistas. Sino que entregarlo a satanás significaba que no es participante del camino de la salvación. Sino que es tomado como “un gentil o publicano” hasta que se arrepienta.